


Bienvenido/a. Has abierto una puerta a un mundo mágico. La Voz de los Días tiene la facilidad de convertir la cotidianidad en sueños posibles, de hacernos ser lo que siempre hemos querido ser; volar con la libertad de un pájaro, dejar que la imaginación nos lleve a aquellos lugares que nuestro cuerpo no se atreve, o a veces no puede... En definitiva, ser nosotros. Leerme - me permito lector/a ser osada-, será para ti la prueba de que la Palabra consigue, y en este rincón especial al que has llegado, que poco a poco te quedes atrapad/a y no quieras seguir dando vueltas en busca de lo que ya has encontrado... En este libro cualquier sensación se parecerá más a un sueño que a una posibilidad. Ponte cómodo/a... Y si quieres conseguirlo, tus deseos son órdenes.



El pasado miércoles, día 5, nos
subimos a un autobús pequeño para los cuerpos y las ganas de ir a Ser
y Estar, pero suficiente para ayudar a
movernos. Solo algunas mujeres, pocas, muy pocas, de Tobarra, y dos únicos
hombres, de edades tan distintas, pero que, mirándoles, yo intuía la misma edad
en sus ojos chispeantes. Hombres que van junto a sus mujeres allá por donde
ellas caminen. Hombres que han entendido que el uno sin la otra, y viceversa,
carecería de sentido para el camino que emprendieron cada uno en su década para
avanzar, juntos, hasta que la muerte les
separe.
Reímos, opinamos y cerramos los
ojos para abrir la mente. Respiramos cordialidad y causa común ante una
necesidad de decir al mundo, con nuestra presencia, que somos muchas, pero que
aún, todavía, no somos suficientes. Que no basta con dejar que otras vayan y
que nos representen, sino que vayamos,
porque ir es llegar a cualquier parte y la unión hace la fuerza.
Falta demasiado, aún, todavía.
Se palpa, se sufre una involución atroz. Como si quienes ponen palos a las
ruedas del avance, con sus ideologías y mentes caudillistas, quisieran ser los
líderes absolutos de un universo que inexorablemente se mueve y evoluciona,
pero para tenerlo dominado y quieto, porque así va mejor para sus intereses
torticeros, y porque el avance les puede hacer caer del trono donde quieren
reinar, in saécula, saeculorum… Y así nos va, aún, todavía.
Calladas nos quieren, sumisas
siempre. Pero no he venido yo a este mundo para ser ni la una, ni la otra y, en
la medida que pueda, mientras la mente me acompañe y el cuerpo aguante,
aportaré mi granito de arena para ser montaña y contar al mundo que podemos ser
menos, pero absolutamente necesarias. Que para parar el avance de la involución
en cuestión de moverse, aunque caigamos, porque en saber levantarse está la
posibilidad y retroceder nunca, ni para coger impulso.
Dejo algunas fotos de un día en
el que ser mujer aún, todavía, requiere esfuerzo y manifiesto para evitar
quedarse quietas, porque eso es permitir que el monstruo nos alcance y engulla.
Estoy y debemos estar enfocadas
en la lucha por la Igualdad, porque ver no es otra cosa que saber mirar, y no
hay peor retroceso que cerrar los ojos para hacerse el ciego ante la necesidad
más vital que es saber vivir en RESPETO Y LIBERTAD.
No, nunca creí en la
magia de la Navidad, porque una y otra vez compruebo que en estos días no se
consigue nada especial, por mucha Paz y Amor que nos deseemos por cualquier
medio según tradición, porque pasados estos días en los que lanzamos deseos de
felicidad a zambomba y pandereta (si aún las utiliza alguien), todo seguirá
igual. Las guerras masacrando, el hambre durmiendo en las esquinas de cualquier
calle, las familias rompiéndose en pedazos, y el odio al contrario, hasta por
las ideas, haciéndose costumbre.
Habrá quién me lea y
llame agorera, pero no será verdad ni tampoco mentira… Porque en los “por si
acaso” de todos mis sueños volveré a deshojar un nuevo calendario con la misma
esperanza que arrancaré de la última hoja del que termina, y en este ciclo de
principio y final, seguiré deseando que la vida sea como la espero; porque
todos estamos hechos de sueños que pueden llegar a cumplirse…Y es posible que
en alguno de los días del nuevo comienzo consigamos que el Amor y la Paz en el
mundo se hagan realidad más allá de un deseo en Navidad… (Begin the beguine)
Carmen Callado,
La Voz de los Días.
Diecinueve de diciembre estuve en un recital en el Convento de Las Claras de Villarrobledo.. Se trataba de contar sobre la Navidad, Poesía, relato, cuentos o historias de otros. Yo decidí hablar de mí, de por qué no me gusta la Navidad, de por qué las cosas nos marcan, de por vida... Hablar es en mí, poner Voz a los Días; escribir la vida con sus luces y sombras, contar, para seguir viviendo, incluso de los recuerdos.
CARBÓN DE AZÚCAR
Se encogió de hombros. Ella sabía que esos días, precisamente, eran en los que menos alegría había en la casa, porque faltaba su marido, que aunque hombre tosco y maltratador, en aquellas vidas era ayuda en el sustento en tiempos de penuria.En diciembre nunca estaba la hija, también madre, siempre ausente por imperativo de la necesidad; salvo en el mes que era de vacaciones y encuentro, algún abrazo y ninguna conversación concluyente que cambiara lo que ya estaba dicho en las cartas recibidas durante el año.
Los días navideños, por tanto, solo me
gustaban cuando se acercaba el final de todo aquello, especialmente el último
día en el que los vecinos se preparaban doce granos de uva que esperaban les
trajeran suerte, aunque a veces se les atragantaban, para acto seguido afanarse
en un baile de ritual y besos de sudoración compartida, en las casas en las que
el anís del mono y las toñas rebosantes de nueces y almendras, eran el colofón
gastronómico a sus delirios momentáneos.
Mientras tanto, la abuela y yo, solas,
nos abrazábamos en aquella cama de matrimonio desgastado, para despedir el año
al calor del corazón, haciendo planes para la llegada del seis de enero, porque
eso ya era más cosa de niños y la felicidad se iba acercando en camellos
porteadores de alegría.
Era mi momento más esperado, porque en
la casa no había para turrón ni fruta escarchada, pero la ilusión en forma de
juguete y carbón de azúcar, porque la rebeldía también se agasajaba, no se me
escatimaba en casa de la abuela.
Hasta
hoy, el tiempo no ha conseguido eludir a las ausencias, porque en la penumbra
de todos los diciembres, las luces navideñas parpadean como estrellas lejanas
que no alcanzan a calentar el corazón, pero en ese vacío aparente, la memoria
teje un tapiz de momentos, y en las Noches Buenas, que a veces han sido buenas
noches, el Espíritu de la Navidad se sienta a la mesa y ocupa sillas vacías. Es
entonces, cuando los seres queridos salen de la cocina cantando villancicos que
se convierten en susurros del alma, porque la verdadera magia de estas fiestas
reside en la capacidad de sentir cerca lo lejano y de hacer presente lo
ausente, en el calor de los recuerdos.
Yo siempre que digo sí, cuando me piden colaboración, porque me gusta hablar con la verdad de las cosas, sin ego, ideologías, ni artificios que distorsionen la realidad de lo que verdaderamente creo.
Cada vez tengo más claro que nunca llegaré, porque nunca me planteé estar, en lugares, situaciones y pensamientos en los que tuviera que dejar de ser yo, para figurarme en un mundo absurdo e irreal.
Ser yo, siempre yo, y mis circunstancias...
Gata Literata.
Parece que fue ayer y ya han pasado 10 años desde mi primera Cuerva Literaria. Pensé en hacer algo para rememrar esa década, pero como digo en el escrito que dejo, anduve algo perdida, entonces mi madre volvió a la memoria de la que nunca se ha ido. Al día siguiente, 10 de agosto, era el quinto aniversario de su muerte, y a ella dediqué este aniversario...
PRESENTE AUSENCIA (Todo es
un oxímoron)
Confieso que anduve perdida estos últimos
días, como si las palabras se volvieran impronunciables y las letras solo
fueran garabatos sin destino. Quizá sea eso que llaman la página en blanco, Pensé en invocar a la musa Caliope. Dudé de si acudiría a mi llamado y paciente, la aguardé, por si
con su retórica me envolvía en el suave tono de un poema, relato, pensamiento u
ofrenda. Me aposté en la trinchera del verano y elevé la vista al cielo. Las estrellas
trazaban el camino de un avión en su vuelo a destino. La noche dibujaba sombras
sobre mi casa. Los pinos tejían una red que se movía por una brisa apenas
perceptible, y todo emanaba un fuego que no purifica nada. Y de pronto la silueta de Caliope, la musa de la bella voz,
se dibujó sobre las paredes blancas. La vi sentada frente a un
pergamino, su mirada perdida en el horizonte del Cerro de la Encarnación. Se de
ella que, aunque inmortal, conoce el dolor de la pérdida de los mortales que la
invocan. Calíope comenzó a hablarme. Su voz melodiosa, susurrando cada palabra,
y yo me aferré a lo que me dictaba como el naúfrago a una tabla carcomida por
el vaivén del agua.
En
el silencio de la casa vacía,
Las
paredes guardan secretos,
susurros
de conversaciones pasadas,
Sus
pasos, que una vez marcaron caminos,
ahora son ecos en pasillos vacíos.
Su
perfume, etéreo, aún flota en el aire,
como
un fantasma dulce y melancólico,
En
la cocina, su delantal cuelga inmóvil,
testigo
mudo de tantas comidas compartidas,
de
manos que amasaban amor en cada bocado.
Y
mesas siempre dispuestas.
Flores
de papel creadas por miedo al silencio,
Horas
y horas robadas al sueño,
Evitando
las pesadillas de siempre.
fuiste
la heroína de una epopeya truncada,
Y
aquí estoy, blandiendo contra el olvido mi pluma-espada.
Oh,
madre, estrella fugaz en mi firmamento,
tu luz, aunque extinta, aún me guía.
En este mundo de asfalto y cemento,
donde
la prisa consume cualquier espera.
Intenté no llorar. Busqué con la mirada los ojos de mi
gata Prosa, y comprendí que era como si ella siempre hubiera estado cerca.
Calíope, satisfecha con
su creación, sopló suavemente sobre el pergamino. Las palabras cobraron vida,
elevándose en el aire como notas musicales que fueron deslizando el velo de la
noche. La musa sonrió, sabiendo que había cumplido su propósito. Sus palabras
había capturado la esencia de un amor que trasciende la muerte, un recuerdo que
permanece vivo y vibrante en el corazón de quienes aman. Calíope sabía que, a
través de la poesía y la elocuencia, podía dar voz a los sentimientos más
profundos del alma humana, transformando el dolor en belleza y el recuerdo en
un homenaje eterno…
De repente apareció de nuevo, ante mí, el recuerdo que
siempre estuvo, porque la ausencia pesa
como losa inevitable. Nunca sabemos del todo la falta que nos hacen,
hasta que no hay Madre tras los sueños. Cuando creemos tener tiempo, se rompen
los relojes dejando a las horas echas trizas por los días que ya no
serán, en mi caso por culpa de un verano
roto que se repite, y es mañana. Y además de este aniversario de ausencia, en unos días cumpliré años sin los suyos, el mismo día y el
mismo mes, por eso sigo creyendo que no existen las causalidades, porque hace
años una historia singular se tejió con hilos de
tiempo y destino. Una madre, la mía, y una hija, yo, unidas no solo por la
sangre, sino también por la magia de un día y mes compartido, como si el
universo hubiera querido marcar un lazo especial entre nosotras.
Barrax, 9 de agosto,
2024
Cuerva Literaria.